Sin censura (sin canción)

Hay dos formas en que lidio con mis huracanes, la primera es la analogía de la alberca y el trampolín: miró observó y espero (o brinco a la emoción, y me dejo ahogar, ahí es garantía de drama seguro). La técnica se la alberca funciona cuando logró identificar con claridad el origen de la emoción, y puedo contenerla y observarla como si fuera un bicho.

La segunda, es el búnker, el tiempo fuera, está es para situaciones de vorágine, en que todo está revuelto, y no hay nada identificable que observar. La idea es guardarse y esperar. La desventaja del encerrarse en el búnker mientras la tormenta emocional sucede, es la censura: el encierro distorsiona mi capacidad de comunicarme, conmigo, con los demás, y no puedo decir lo que pienso, lo que siento. Hoy no era un buen día para hablar, ni conmigo ni con nadie.

El encierro no sólo limita mi capacidad de emisión, también afecta la recepción: me impide escucharme, y como sucedió hoy, en mi ansiedad, en vez de esperar a que la tormenta pasara, abrí poquito la puerta y… pues ya, me desbordé. Estoy desbordada. Así, sin drama.

¿Ahora qué? ¿Quédame quieta? ¿Fluir?

¿Que tengo que aprender?

Duele, lo que no existe más.

Eventualmente pasará.

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