En el hospital

“(…) no existen los buenos y los malos amigos; tal vez sólo haya amigos, gente que nos apoya cuando sufrimos y que nos ayuda a no sentirnos tan solos. Tal vez siempre vale la pena sentir miedo por ellos, y esperanzas, y vivir por ellos. Tal vez también valga la pena morir por ellos, si así debe ser. No hay buenos ni malos amigos, sólo personas con las que uno quiere estar, necesita estar; gente que ha construido su casa en nuestro corazón.”

Stephen King, It

enamorada…

“(…) ella estaba locamente enamorada de él. Decir que era un deslumbramiento de colegiala era como definir el Rolls-Royce diciendo que es un vehículo de cuatro ruedas. Ella no reía como una tonta ni se ruborizaba al verlo; tampoco escribía su nombre con tiza en los árboles o en las paredes del Puente de los Besos. Simplemente vivía con su cara en el corazón, constantemente, con una especie de dolor dulce, perenne.”

Stephen King, It.

Eso, así.

Hace unas semanas leí “Cementerio de animales” de Stephen King. Pasando la mitad del libro, más bien alcanzando el segundo tercio, sucede una escena terrible, tan bien escrita que puedo recordar perfectamente la sensación de abandono y angustia que sentí al leerlo, y como estas emociones se desbordan, mientras que nace el impulso de lanzar el libro al fuego y al mismo tiempo no poder parar de leer.

Comencé a leer It (Eso) hace un rato,  y es como un déjà vu, sólo que no he pasado de la página 50. Que miedo.